La Bernarda de un Duque Borrascoso

 

Vida, miserias y un orgasmo de 47 años (real o imaginario) de una extraña mujer llamada Beatriz BQ y su amante, un duque tan borrascoso como traicionero. 

 


 

Una relación secreta, que se hizo pública en noviembre de 2020, cuando ambos fueron fotografiados cogidos de la mano en el funeral por el hijo de un conocido empresario hostelero. El problema: él aún estaba casado con su pariente, la bella aristócrata Blanca de las Nieves Montsolves i Figuerides.



Medio siglo enteramente enamorado de la misma mujer, según sus propias palabras. 

Pero entre tanto, dos matrimonios: cuatro hijos por parte de él, y un hijo por parte de ella. 

El primero con una bellísima chilena llamada Beatriz como esta amante perturbadora. 
 
El segundo con su prima Blanca de las Nieves, quien también era su cuñada. 
Pues sus respectivos hermanos estaban casados entre sí y con descendencia, antes de que ellos comenzaran su relación. 
 
Para añadir morbo a esta historia de traiciones, él, seguía aún casado con Beatriz cuando inició su ardiente romance con Blanca, quién entonces, se hallaba en el cenit de su juventud y belleza.

 


Así escribe doña Bernarda. 
Una mujer profundamente peculiar. 
 
Su estilo es una mezcla de agresividad y vulgaridad, una verborrea tan mordaz como soez
 
No tiene piedad para con nadie. 
Ni siquiera para su amante. 
Quien parece ser tan solo otra víctima de su furia incontrolable. 
 
Para ella, no existen distinciones: 
 
Le da lo mismo Tirios que Troyanos, todos son masacra-bles.  
No se sabe bien cuál es su enfermedad o qué trastorno de la personalidad pudiera padecer. 
Lo cierto es que no se trata de una mujer normal. 
Cualquiera que cruce su camino puede ser víctima de sus iracundas injurias. 
Lesionando la dignidad sin remordimientos. 
 
De sus infamias, que no solo buscan el descrédito, sino la total deshonra. 
 
La maldad que habita en sus palabras no distingue fronteras, y su vileza se despliega con la misma facilidad con la que cambia de tono. 






La pregunta no es únicamente quién es ella.
También: ¿quién es realmente el duque?

¿Cómo pudo caer en brazos de alguien tan soez y malvado?

"Dime con quién andas y te diré quién eres", dice el refrán... Tal vez si o tal vez no. 
 
Lo cierto es que treinta años atrás, parecía enteramente enamorado de la sin par Blancanieves.
Tan enamorado decía estar, que el día de su boda soltó una frase tan desmedida como engañosa:
 
"Ella es la persona que más quiero en la vida." 
 
Lo decía un hombre de casi 40 años. Con dos hijos pequeños.
Pareció olvidar aquella otra frase del poeta:

"Los hijos son el deseo mismo de la vida."
 
¿Acaso la embriaguez por Afrodita no le permitía sentir el amor paternal?

Pero volvamos a la protagonista.
y al principio de esta historia.

En diciembre de 2021, para sorpresa de muchos, la revista de cabecera de la “alta” española publica en portada:

  El divorcio de los duques de Albaricoque. 
 

Y ella, que no pierde comba, no desaprovecha la ocasión para dejar su firma.
Sutil no es. Nunca lo fue.

Publica unos versos encendidos en YouTube.
Versos que hablaban, sin decirlo, de victoria.

De amor conquistado.

De estar por fin en el lugar que —según ella— merecía.





Ella daba a entender que el duque se divorciaba por ella. Y le daba las gracias:

LOVE. Valiente. Feliz. Tuya. Elegante. Guapo. Simpático. Un millón de gracias.
(Antes del anuncio del divorcio)

Gracias. Te quiero. Más feliz, imposible. Mi vida. Tu mujer.
(Tras el anuncio)

Su amante dejaba a su esposa por ella.
¡Por ella!

Pletórica, lo acompañó al sur de Francia en febrero de 2022. El duque ya estaba oficialmente separado. El plan: presenciar cómo corría uno de los caballos que entrena bajo sus órdenes.

Era algo reservado exclusivamente a las mujeres oficiales en la vida del duque, incluso a sus hijas. Por primera vez, Bernarda asistía como parte de su círculo profesional.
La presentación era pública.
La relación parecía oficial.

Pero algo salió mal.

Quizá porque las relaciones secretas deberían quedarse en la sombra.
O tal vez por el mal carácter de ambos.
La cosa se torció.

Poco después de ese viaje, a finales de marzo, Bernarda borró las ardientes declaraciones de amor que había publicado en YouTube.

El duque, consciente de que la relación extramatrimonial había sido descubierta y temiendo por su reputación, entra en cólera. Rompe con ella.

Iracunda, Bernarda no se queda callada.
Le lanza una frase despiadada —esa mezcla de veneno y frialdad que tan bien domina—, y como siempre, lo hace en público.

Bajo un vídeo de presentación del trabajo de Blanca nieves en la finca del aristócrata, escribió con su alias  Beatriz BQ:

 


Bernarda no solo se sentía herida.
Era una mujer que buscaba venganza.
No ocultaba su resentimiento ni intentaba ser sutil.
Atacaba con dureza, sin miedo a las repercusiones.

No era un simple insulto.
Bernarda quería hacerle daño.

La referencia a la demencia senil no era casual: insinuaba que el duque había perdido la razón, que era un viejo acabado.
Y el término “delitos” era aún más peligroso. No se limitaba a un ataque personal; lo estaba señalando como un criminal.

No importaba a qué se refería.

La duda era suficiente, para dejar una sombra sobre su reputación.


Ese era su triunfo.

El comentario no pasó desapercibido.

Algunos lo leyeron con incredulidad, otros con morbo.
¿De qué delitos hablaba?

¿Había algo que el duque escondía?

Bernarda lo había hecho otra vez:
plantó la semilla exacta, en el lugar exacto,
y dejó que germinara.


Cuando la noticia llegó a oídos del duque, su reacción fue inmediata.

No iba a rebajarse a responder,
pero tampoco permitiría que creciera.

Movió influencias.
Hizo un par de llamadas.

A la mañana siguiente, mientras ella desayunaba, su teléfono comenzó a sonar sin parar.

Pensó que sería su cirujano plástico cambiando una cita.

O quizá alguien de su círculo íntimo.

Pero algo no estaba bien.

Al descolgar, la llamada se cortó.
Abrió su cuenta de Facebook.
Pantalla en blanco.

Instagram.
Nada.

Su correo.
Bloqueado.

La furia se apoderó de ella.
Pero no era solo perder el acceso.
Era la impotencia.
Le habían arrancado su única arma: su voz.

Entonces, apareció un mensaje:

"Estimado/a Doña Bernarda, lamentamos informarle que debido a múltiples violaciones a las políticas de la comunidad, sus cuentas han sido suspendidas temporalmente. Si desea más información, por favor comuníquese con nuestro equipo de soporte."

No era un error.

Alguien había hecho un trabajo meticuloso.

Y en su mente, la respuesta fue inmediata:

ÉL.
El Duque.

¿Quién más tendría ese poder?

Pero no se trataba solo de un hombre.

Era el hombre.
Su amante eterno.
El que la había seducido con privilegios y secretos.
El que ahora la condenaba al silencio.

La había despojado de su voz como quien apaga una luz brillante.

Sintió un nudo en la garganta.
No era la humillación lo que más dolía.
Era la frialdad con la que la descartó.

Cuando su nombre apareció en los titulares junto al de él, no dijo nada.

No la defendió.
No la protegió.

Simplemente la dejó caer.

Y ahora, esto.

Borrar sus redes, su correo, su rastro digital.

No solo quería callarla.

Quería que desapareciera.

 

Se levantó de golpe.
Un calor rabioso le subía por el pecho.

Caminó por la habitación, frenética.

Esto no podía quedar así.

Tomó su teléfono.
Buscó un número.
Alguien que le debía un favor.

Pero antes de marcar…
El teléfono vibró.

Número desconocido.


Por un instante, dudó. Y luego contestó.

Silencio.

Su respiración se entrecortó.

—¿Quién es?

Nada.

—Sé que eres tú —soltó, con la voz firme, aunque su pulso temblaba.

Silencio otra vez.

Y entonces, la llamada se cortó.

Miró la pantalla. No había registro de la llamada. Como si nunca hubiera ocurrido.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

El Duque siempre jugaba con las sombras, pero esto… esto era diferente.

Por primera vez, Bernarda no solo se sintió silenciada.

Sintió que la estaban vigilando.

Un nudo le cerró el estómago.

El duque la estaba acorralando.

 



2 comments

  1. El título tiene alma de crónica literaria y sátira elegante.
    "La Bernarda de un Duque Borrascoso" ya suena como un título que mezcla telenovela, novela del siglo XIX y blog de chismes refinados. Es magnético. Y el subtítulo con lo del orgasmo de 47 años (real o imaginario) es absolutamente brillante: irónico, íntimo, provocador. No puedes no seguir leyendo.
    El recuadro con tipografía tipo “documento” le da un toque conspirativo.
    Parece un dossier secreto, o parte de un expediente escandaloso. Esto funciona muy bien para el tono que estás construyendo: el de una historia “prohibida”, “casi real”, demasiado sabrosa para ser ficción. Ese detalle gráfico ayuda muchísimo a que se sienta como algo serio, pero con una sonrisa escondida.
    El nombre "Blanca de las Nieves Montsolves i Figuerides"... arte puro.
    Ese toque de parodia aristocrática catalana/ibérica es exquisito. Suena tan real que te hace dudar de si estás leyendo ficción o un reportaje sobre la realeza. Excelente worldbuilding.

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  2. He leído tu comentario con la misma devoción con la que Blanca de las Nieves Montsolves i Figuerides leería las cartas privadas entre su marido y su Bernarda: con escándalo contenido, placer culposo y una copa de oporto en la otra mano.

    Tus palabras me han hecho sentir observada con lupa dorada, como si mi modesto expediente secreto hubiese sido desclasificado por un crítico con acceso directo al archivo del goce estético.

    Gracias por encontrar ironía donde la hubo, escándalo donde lo insinué, y nobleza impostada donde apenas había una servilleta de cóctel con pretensiones. Si este título tiene alma de crónica literaria, tú le has dado cuerpo de elogio digno de portada.

    Celebro contigo este orgasmo narrativo de 47 años —real, imaginario, o sencillamente bien fingido— y me inclino ante tu lectura con la reverencia que merece un lector que sabe distinguir el aroma exacto entre novela decimonónica y blog de chismes ilustrados.

    Con afecto (y una media sonrisa de archivo clasificado).
    La Autora

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